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El dominio de los seres mágicos, misteriosos y fantásticos que viven en nuestro lado obscuro

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cacaaracoles! mi canario! la mama-la mama- la mascota que siempre desee

Naturaleza de Xusenet

v.66.61

¿Que hora es?


(Sexta parte)

El lector familiarizado con esta clase de folletos como el reproducido, podrá fácilmente separar los hechos auténticos de los creados por la fantasía, y efectuar una reconstrucción muy aproximada de lo que ocurrió. Afortunadamente, poseemos ciertas pistas gracias a otros relatos del mismo caso.

Trece niñas, dos mujeres y un hombre fueron asesinados, algunas de las niñas asaltadas sexualmente y mutiladas, en una pequeña comunidad, en el espacio de veinticinco años. El asesino (o asesinos) no fueron hallados.

Luego, arrestaron a Peter Stubbe porque fue reconocido en un intento de asalto, siendo identificado después de un ataque frustrado, o por algún otro motivo. Stubbe, enfrentado con la seguridad del tormento que le hubiese obligado a confesar cualquier cosa, admitió su culpa y proporcionó detalles de sus crímenes.

La faja mágica que no fue hallada, naturalmente jamás existió. Ni tampoco se transformaba Stubbe en lobo ni había pactado con el Diablo. Tales ingredientes en las confesiones de los acusados, cuando la hechicería se añadía a la lista de sus presuntos crímenes, eran la moda de la época.

No es probable, aún que tampoco imposible que Stubbe cometiese actos descritos de incesto con su hija y su hermana. El incesto también estaba de moda en las confesiones de los presuntos brujos o brujas. Estas modas retroceden a las más antiguas creencias de los pueblos primitivos, según las cuales el incesto confiere poderes mágicos sobre los participantes (o sobre uno de ellos, o sobre el vástago del incesto). Las brujas solían verse acusadas de practicar el incesto en las sabatinas, y la misma acusación se halla frecuentemente contra varias sectas herejes. Asimismo, era costumbre acusar a los <hechiceros> de todos los crímenes más ultrajantes, y como bien señala el folleto, el incesto era considerado a la sazón como la ofensa capital.

El panfleto se basa en parte en la confesión de Stubbe y en parte sobre otro conocimiento de sus crímenes. Sólo él pudo proporcionar la información de que la mujer que fue <enteramente devorada>, y cuyos restos no fueron encontrados, había sido sexualmente atacada.

Por otra parte, es imposible creer que la confesión se refiera a crímenes irreales -como ocurría a veces en confesiones arrancadas por la tortura-, ya que el conocimiento de tales crímenes se basa en la confesión. En una pequeña comunidad, no sería posible admitir que se habían cometido dieciséis asesinatos sin que nadie echase en falta a las víctimas; y el folleto establece que todo el distrito vivió durante años en un estado de gran ansiedad como consecuencia de la continua ola de crímenes.

Además, el ultraje de la comunidad es evidente en el extraño monumento erigido con la cabeza de Stubbe en lo alto, por consejo de los magistrados. Hemos de creer que la evidencia contra Stubbe fuese genuina, o sea, que fue el verdadero criminal, y no un inocente la persona tan horriblemente torturada y ejecutada. Aparentemente, Stubbe era bien conocido en la comunidad antes de su arresto, debiendo presumirse que no fue simplemente acusado como lo eran muchas brujas y brujos en aquella época, debido sólo a algunas excentricidades, fealdad o deformidad física. También es de suponer que su hija y su esposa o amante no fuesen sólo ejecutadas por la misma razón que lo fueron los familiares de otros brujos: para que no hubiera supervivientes que pudieran reclamar los bienes del brujo, los que de este modo pasaban a poder de las autoridades, siempre ávidas. La acusación de canibalismo debe de ser cierta, aún que podría tratarse de un adorno, apoyando el aspecto de lobo del acusado. Sin embargo, los cadáveres, que probablemente fueron vistos por muchos lugareños, debieron ser mutilados de alguna forma. La mutilación, y lo que es lo mismo el canibalismo, acompaña frecuentemente a los crímenes cometidos por sádicos.

Cuando, más adelante, el lector halle los casos de criminales tales como Vacher el destripador, Fritz Haarmann y Ed Gein, notará las semejanzas entre sus crímenes y los de los supuestos hombres-lobo de que trata este capítulo.

Particularmente, desde el siglo quince al dieciocho, es probable que muchos ofensores sexuales fuesen juzgados como hombres-lobo, brujos y vampiros. También es verdad que personas acusadas de brujería y hechicería debían a menudo confesar la comisión de crímenes sexuales que jamás habían cometido. Pero tales confesiones sólo podían ser o parecer plausibles en las grandes poblaciones urbanas con gran tránsito de personal, donde la víctima no podía ser echada de menos. Asimismo, era entonces necesario afirmar que el asesino había destruido completamente el cadáver (o cadáveres) de su víctima (o víctimas).

Las atrocidades sexuales cometidas contra los brujos acusados fueron indudablemente mucho más numerosas que los mismos crímenes cometidos por tales brujos. Si los acusados eran niñas o pordioseras deformes y jorobadas, solían ser violadas y maltratadas sádicamente por sus carceleros y verdugos. Las torturas a que se veían sujetas, como castigo o con el propósito de arrancarles una confesión, revestían a menudo un carácter sexual. La mutilación de los genitales, forzando estacas y hierros candentes en las vaginas y anos de las personas acusadas, la mutilación de los senos y los pechos con pinzas al rojo vivo eran prácticas corrientes. Los llamados <forzadores de brujas>, cuya tarea consistía en insertar agujas en los pechos y partes sexuales de las mujeres, con el supuesto propósito de localizar la <marca del diablo> anestésica, tenían que ser verdaderos sádicos.

El sádico inteligente de aquellos tiempos no necesitaba cometer crímenes que condujesen a su arresto. Le bastaba con obtener un empleo dentro de la maquinaria de la Justicia para hallar abundantes oportunidades de ejercer sus perversiones instintivas.

**No parece haber molestado nunca a los escritores antiguos que incluso el caníbal más voraz pueda tener dificultades con los huesos. Hemos leído repetidas afirmaciones de que los individuos eran completamente devorados.

***Que los sádicos, que no pueden procurarse víctimas humanas, recurren a animales en sustitución, es un hecho demostrado; Manfred Guttmacher (La mente del asesino) dice: Es interesante saber cuántos sádicos dan salida a sus impulsos hostiles con su crueldad hacia los animales. Su verdadero odio no va contra éstos, naturalmente, sino contra los demás hombres. Los animales son meros sustitutos. Además, matar animales no comporta ningún problema con la policía, y en algunas zonas cierto grado de crueldad hacia las bestias es aceptado como una sublimación de los impulsos sádicos. Ciertamente, esto es cierto en la caza. Es dudoso que el sádico odie, efectivamente, al hombre. Naturalmente, tal vez algunos. Pero el sadismo es una perversión sexual, usualmente determinada por antiguas experiencias traumáticas, en que el cumplimiento del impulso sexual sádico depende del inflingimiento de dolor a la otra persona. No necesita odiarla más que cualquier clase de pervertido necesita odiar a su compañero de sexo. Probablemente, la continuada práctica de la perversión sádica, más que la de otras perversiones, contribuya a un misantrópico Weltanschauung. Masters (conducta sexual prohibida y moralidad) también trata del abuso sádico de los animales: La mutilación y el asesinato de animales con el fin de lograr el placer sexual sádico constituye una página triste y brutal en los anales de la historia erótica de la humanidad.

(A), famoso torturador de animales fue Dmitri, hijo de Iván el Cruel, que hallaba "placeres inexplicables" en la agonía de ovejas, gallinas y gansos. Muchos ejemplos de sadismo sexual con animales, incluyendo prácticas tan monstruosas como destriparlos por el vientre y copular con sus entrañas aún palpitantes, se describen en los libros de texto de la psicopatología sexual. Todo el mundo, sin embargo, puede tener conocimiento de malos tratos crueles y sádicos a los animales, sin propósito sexual, aún que produzcan placer erótico a veces. El lazo sexual que a veces existe entre el verdugo y el atormentado (humano) ha quedado bien establecido.

En el caso de la tortura de animales, como en la zoofilia, a menudo tiene lugar cierta medida de humanización o personalización del animal, que permite al sádico experimentar, mediante esta distorsión, un placer semejante al que experimentaría infligiéndole dolor a una víctima humana ligada a él por un lazo sexual semejante al que une el verdugo y a su víctima. Si suponemos que no es este el caso, la tortura y el asesinato del inofensivo animal no posee sentido, o es tonto, por ser el animal apenas un vehículo apropiado para la expresión de la sexualidad desviada del sádico.

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Por: lobete_victor_hugo - 27 May 2005
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Ultima modificación: 24/Apr/2007 05:13:46 am (GMT)
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